[ad_1]
La visita de Toni Bou a la redacción es ya una costumbre. Dos veces al año, cuando se proclama campeón del Mundial, aparece con esa sonrisa de oreja a oreja y el trofeo entre las manos. Suma 36 títulos mundiales a sus 37 años. Su leyenda es estratosférica. El hombre más laureado sobre las dos ruedas, sin embargo, sigue siendo una persona de pies en el suelo, con sus preocupaciones, miedos y manías.
Cuando empieza una temporada, los títulos se le dan por hechos. Como si solo pudiera perderlos.
Yo no lo vivo así, hay que ganar desde cero. Además, está la presión de esta obligación de ganar. Tengo a la gente mal acostumbrada y la realidad es otra. Pero yo, dentro de mí, lo tengo muy claro, hay que ganar todo desde cero. Es lo que me han enseñado todos estos años. Es el deporte. Tienes que ganártelo cada día y tienes que estar muy bien preparado y a tope para poder hacerlo. Mentalmente, es la parte difícil.
¿Cómo se hace el reset para empezar de cero cuando ya lo ha ganado todo?
La mochila del título por una parte pesa y por otra ayuda. Ayuda a quitar presión en el sentido de: ya he hecho lo que tenía que hacer, sé cómo debo hacerlo e intento replicar eso que me ha llevado hasta aquí. Mentalmente es difícil la motivación. ¿Cómo se hace? El secreto es que me gusta mucho lo que hago. Si estuviera quedando quinto o sexto también lo haría, porque me gusta. Disfruto mi día a día, me lo paso bien, y ese es el secreto. Es un caramelo dulce y amargo a la vez, pero me gusta.
¿Puede llegar el día en que Toni Bou no gane?
Evidentemente, llegará seguro. De hecho, yo siempre digo que el Toni del 2006, en comparación con el Toni del 2007, tampoco era tan diferente. Simplemente encontré la forma de hacerlo, de creer en mí mismo, de poder lograrlo, e hice tercero y quinto, y al año siguiente gané los dos títulos. Eso quiere decir que el deporte se decide por muy poco. La realidad es que a la distancia que se imagina la gente no está y que cada vez está menos.
Desde fuera parece que no hay competencia. Llega, gana y siguiente carrera.
Tienes que intentar no caer en esa trampa, porque es muy fácil decir: sí, sí, pero acabas de ganar y han salido las cosas. Pero la realidad es que te lo tienes que ganar cada día que vas a competir.
Ha ganado ya el Mundial pero aún quedan dos carreras. ¿Cambia la manera de competir?
Sí, es diferente. Pero una vez estás allí, siempre al final de temporada, puedes acabar haciéndote daño o pierdes carreras porque no tienes esa tensión al 100%.
¿Ha cambiado mucho lo que siente sobre la moto en estos años?
Sí, un poco sí que ha cambiado. Las sensaciones son diferentes. Más tranquilidad, menos nervios, menos miedo a perder. He madurado, he ganado muchísimo, he tenido la gran suerte de vivir tantísimos títulos que me hacen ver las cosas de manera diferente y prepararme perfectamente para ese momento que a todo deportista le llega y que yo estoy teniendo la suerte que me está llegando muy tarde.
Sobre los obstáculos, ¿le da tiempo a pensar? ¿O tiene que tirar de intuición?
Piensas mucho. En el momento de la zona no, porque tienes poco tiempo y actúas, más que pensar, pero tienes esas décimas para tomar la decisión entre esas dos opciones que habías mirado desde arriba a pie. Muchas veces es más intuición. Lo ves y te tiras.
¿Se entrena este instinto?
Con el entrenamiento diario. Entrenando con tiempo, entrenando con situaciones que te pongan al límite. Así es como te acostumbras a tomar la decisión muy rápidamente y si la tienes interiorizada, más fácil hacerlo bien.
¿Le ronda por la cabeza el momento de retirarse?
Cuando lo haga será porque físicamente no puedo. Yo creo que haciendo tercero o cuarto, si estoy bien físicamente, también me lo pasaría bien porque me gusta. El problema es si te duele algo. Aquí sí que yo siempre digo que en 2018, cuando tuve el problema de las vértebras, es la única vez que he valorado «si sigo así, me retiro». Fue un año con dolor de espalda, con malestar, no me iba a salir. Apretar los dientes para correr es una cosa, pero apretar los dientes para entrenar… Aquí se complica más. Entiendo perfectamente a los deportistas que se retiran por eso, porque de esta manera es imposible disfrutar.
Con el deporte te pierdes muchas cosas que dejas pendientes y no vuelven
Es el deportista sobre dos ruedas más laureado de la historia. Su carrera ya es inigualable.
Soy de los que piensan que si lo he hecho yo, cualquiera puede hacerlo. Yo pensaba que mi sueño era conseguir los siete campeonatos de Jordi Tarrés. Pensábamos que era irrepetible. Pero así es la vida del deporte, siempre hay alguien que te supera. Es lo bonito, que cualquiera puede hacerlo. Cuando me retire, lo veré desde la barrera y espero estar muy dentro de este mundo también y disfrutar de las nuevas generaciones.
Como deportista convive con el dolor. Pero, ¿cuál es el umbral del dolor para decir: «hasta aquí»?
Es un umbral pequeño. Muchas veces piensas: ‘no puedo correr’ y acabas corriendo con dolor. Pero hay un momento en que puedes correr infiltrado, pero no puedes entrenar. Y obviamente no te puedes infiltrar cada día para entrenar. Y eso en cuerpos como el mío, que llevamos desde los 15 años como profesionales, con tanta carga. Imagina, que te haces daño en el dedo. Tienes que operarte. Si paras dos meses, cuando vuelves, lo de menos es el dedo. Yo he tenido mucha suerte de que siempre he podido seguir y me he mantenido.
¿Cómo se prepara físicamente, teniendo en cuenta que la edad también es un factor importante?
Hay mucho desgaste. Hasta los 25, 26, podía hacer tanta moto que al final la moto era todo. Es un deporte supercompleto donde hay agilidad, hay fuerza, hay cardio… Puedes hacer muchas horas, realmente no te falta hacer más y acabas cansado físicamente en los entrenamientos porque has podido apretar y no necesitas ir al gimnasio.
Pero en algún momento llegan las lesiones y el desgaste.
Ahí necesitas el gimnasio y la recuperación, y es donde realmente es más trabajo. Mientras solo es moto, es un trabajo diferente. Cuando tú, para estar al nivel que estabas, necesitas hacer algo por la tarde, o cuidarte mucho más la alimentación, evidentemente es la vida del deportista. A partir de los 27, 28, 29, ya vas viendo que lo vas necesitando. A partir de los 35 más, imagino que a partir de los 40 aún más… Es la ley de vida.
La disciplina es clave.
Te vuelves más disciplinado. Dices que es para mejorar, pero realmente es para mantener lo que tenías.
¿Se celebra igual el mundial número 36, que el 35 o 30?
No, diferente. Depende del momento o del porqué. Al final he tenido la gran suerte de vivirlo 36 veces y siempre ha sido diferente, siempre muy intensamente, pero diferente. A veces es más emotivo, a veces es más fiesta con los amigos. Hacía mucho tiempo que no hacíamos una gran fiesta como la que hicimos en Andorra, porque era la carrera de casa, porque venía todo ligado. Fui más valiente en el sentido de prepararlo todo. Siempre he decidido no planear nada y cuando acabamos la carrera a las 21:30 decidimos si hacemos algo. Esta vez no. Habíamos previsto una cena, dije: ‘si no gano no pasa nada’. Es un poco lo que me ha dado la experiencia.
¿Cómo se lleva a nivel personal?
En casa me ayudan mucho a que pueda estar concentrado en lo que estoy e intento compensarlo. Cuando estás en casa y tienes tiempo, que sea para los tuyos, para la gente que realmente está contigo y que te encuentra y que tú echas de menos. Me gusta mucho estar en casa y después del Covid, diría que incluso un poco más.
Se ha perdido muchas cosas.
Cuando eres joven, el deporte te hace perder muchas cosas, muchísimas son irrecuperables, y es en este momento donde se queda mucha gente y es muy respetable. Cuando eres joven, todo el mundo sale, todo el mundo lleva una vida y tú no la puedes llevar. A mí no me costó hacerlo porque disfrutaba mucho de lo que estaba haciendo. Cuando volvía, intentaba aprovechar al máximo con todos los amigos. Pero son muchas cosas que te pierdes de la vida. Es muy común en mi deporte y con todos en general.
¿Le preocupa el futuro?
Ver cómo será mi vida. No me preocupa en absoluto no ser el campeón del mundo actual. Tengo la gran suerte de haberlo sido tantas veces y que tampoco soy un tipo de carácter que se vuelva loco por eso. Me preocupa más qué haré para poder ser tan feliz como soy ahora. Pero la verdad es que, cuando hubo el Covid, que estuvimos encerrados en casa, también estaba superbien, y me sorprendí a mí mismo, de estar encerrado en casa y estar bien.
Cuando volvamos a hablar después de que gane su 37º mundial, ¿cómo le gustaría que fuera?
Me gustaría no cambiar nada. Intentaría estar más sano aún de lo que estoy, porque físicamente lo estoy trabajando y me está costando. Ese es uno de los objetivos que me marco. Quiero estar igual que ahora. Estoy muy bien y me gusta mucho mi vida como está.
[ad_2]
